Nos despedía un sol radiante, la nostalgia por lo que dejábamos y las consecuencias de un semestre. A medida que llegábamos se alejaba la opción de unas vacaciones relajadas y aún persistía reparo por la decisión tomada., algunos sabíamos muy bien a lo que íbamos, puesto que fuimos parte de semasol el año anterior, mas toda experiencia es un nuevo desafío y se vive con la misma intensidad que genera algo nuevo. Por eso encontrarnos, aquel miércoles, con nuestros bolsos y deseos de servir, prestos a abandonar nuestra vida por 1 semana era un reto, cuyos efectos era imposible predecir.
Una atmósfera agitada nos recibía; rostros familiares y desconocidos, se paseaban por el lugar de partida, sin imaginarnos que ellos dejarían su anonimato para convertirse en un apoyo fundamental y en algunos casos, en amigos. Además, cabe destacar, la presencia de medios de comunicación y autoridades que nos despedían como si fuéramos audaces e intrépidos jóvenes (con gusto a héroes) realizando algo que escapa a la imaginación de la sociedad. Bueno, habrá que entender la mentalidad individualista que nos invade, por tanto cosas que deberían ser normales y comunes, como ayudar a nuestro prójimo, se convierte en una hazaña. Si me preguntarán porque decidí ir, sólo diría “facta, non verba” Eso necesitamos para revertir las situaciones que nos parecen injustas. Hechos, no palabras, son esenciales para que personas carentes de hogar puedan pasar una noche tranquila, en especial en este período de temporales. Somos jóvenes y no tenemos el poder necesario para realizar grandes cambios, pero sí somos capaces de actuar y estar donde nos necesitan.
Relatar lo vivido durante esa semana, no es tarea fácil. Son muchas las experiencias y emociones que nos invaden que las palabras no son suficientes para manifestarlas. Sólo puedo decir que vale la pena atreverse, salir de uno, dejar prejuicios y entregarse a los demás. Todo sacrifico implica inclemencias, pero éstas no se comparan con la felicidad, gratitud y satisfacción con la que volvimos a nuestras casas.
Coelemu nos esperaba con un hermoso día soleado, no obstante sólo lo volvimos a ver el día que nos fuimos, porque la lluvia y el frío no transan y se robaron el protagonismo. Nada impide que se trabaje, ninguna razón es válida para no cumplir un sueño. De eso no hay duda alguna, ya que la palabra perseverancia adquiere un significado especial: perseverancia que hay en los “tíos” que luchan por un porvenir mejor, perseverancia en el equipo (llámese jefes, padre-fotógrafo-modelo publicitario Andrés, intendentes, capataces, asesores y galletas) que día a día continúan manteniendo su sonrisa y entrega en lo que hace, pese a los problemas que puedan presentarse , y perseverancia en nosotros que debemos enterrar y sacar un pollo innumerables veces = P
Los días pasan, y la desafección de nuestra realidad se hace cada vez más grande, ahora nuestra historia no depende de quienes aguardan en Concepción, sino de quienes nos acogieron en sus hogares y de las personas con quienes compartimos lo que somos.
Ahora son ellos la motivación para comenzar un nuevo día y la fuerza para continuar. La calidez de una estufa fue reemplazada por el calor de hogar que reinaba en las familias que nos acogieron; suplimos la diversión de un carrete con amigos por la buena onda prevaleciente en el internado; nuestras comodidades pasan a segundo plano, ya que poco a poco descubrimos la verdadera conformidad del alma .Y luego ya no somos los mismo, Semasol nos acerca a nuestra esencia, nos acerca a Dios.
Y llega un punto en donde sólo podemos agradecer, tratar de expresar y de retribuir lo recibido durante este tiempo. Soñar con la confianza que no lo hacemos solos, actuar conscientes que somos responsables del bienestar de nuestros hermanos.
Y vendrán muchos miércoles, pero ninguno como aquel en que descubrimos que tenemos una gran misión por delante.
Valeria
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