Mater admirabilis
Recordemos nuestros primeros días de Colegio cuando llegábamos y empezábamos a conocer una imagen de María que nos llamaba la atención, que nos atraía por su dulzura, por su bondad, por su ternura... aprendimos a llamarla Mater, tal vez sin entender bien lo que esa palabra quería decir pero era una palabra que nos llenaba el corazón y empezaba a distinguirnos como familia del Sagrado Corazón.
Fuimos creciendo y nuestros ojos de adolescentes la empezaron a mirar diferente. La empezamos a sentir más viva, más cercana a nosotras. Le empezamos a contar nuestros secretos y travesuras, nuestras alegrías y decepciones, nuestras dificultades, le encomendamos las notas de los exámenes, la empezamos a sentir como la amiga y la confidente. Era María adolescente a quien mirábamos como modelo.
Terminamos el Colegio y Ella salió con nosotras a recorrer los distintos caminos de la vida.
Y desde esos distintos caminos queremos mirarla hoy.
Mirémosla con ojos de abuelas: somos capaces de mirar un camino recorrido, una historia realizada, como nos invita la puerta abierta que tiene detrás y a la que le da la espalda porque ya pasó. Ahora tenemos un hogar que se ha ido ampliando con otros hogares jóvenes. Y como abuelas aprendemos de Ella la serenidad que van dando los años, la capacidad de preocuparse por los demás, el silencio de quien vive de lo esencial porque ya van cayendo muchas cosas secundarias.
Mirémosla con ojos de profesional. El mundo de hoy le ha abierto a la mujer caminos insospechados. Hoy más que nunca tiene un papel que desempeñar, uniendo muchas responsabilidades. Y en María encontramos la mujer hacendosa, trabajadora, que sabe unir el trabajo y la reflexión, que sabe que hay un tiempo para cada cosa y una cosa en cada lugar. La mujer que sabe leer y sabe escoger sus lecturas porque la capacitación que recibió necesita actualizarse continuamente. A esto nos invita el libro abierto que tiene Mater: el libro de la ciencia, el libro de la fe, pero también el libro de la vida que vamos escribiendo párrafo por párrafo, página por página, día tras día. Y no solas, sino muy conscientes de que hacemos historia con otros y otras, sabiendo que no hay actitudes neutras: o construimos o destruimos, o hacemos avanzar el mundo o lo hacemos retroceder.
Mirémosla con ojos de esposas y madres. El lirio nos habla de un amor que hay que cultivar, de un amor que hay que cuidar. El huso nos habla de fortaleza y de rectitud, nos habla del día a día, del paso a paso, así como se va haciendo un hilo fino, fino y siempre igual. La crisis del mundo actual tiene en mucha parte su origen en la familia y Mater nos invita a cuidar nuestros hogares, a hacer de ellos escuela de los valores, no porque se predican, sino porque se viven. Ella, nos hace una nueva invitación a crear hogares donde la armonía, el amor, el perdón y la justicia, y por lo tanto la paz que sólo de ahí brota, sean el telón de fondo de todo cuanto allí se gesta, de cuanto allí sucede.
Mirémosla con ojos de amigas. Encontrémonos al pie de esta Virgencita con todas aquellas que fueron nuestras compañeras y condiscípulas. Las que están hoy, y las que ya pasaron a la eternidad dejando en nuestros corazones huellas imborrables. Digámosle de corazón: Madre Admirable que nos enseñaste a vivir la amistad con la fidelidad de un nudo hecho con el hilo que Tú tejes, bendice a todas nuestras amigas, acompaña a las que están en horas oscuras, ayúdanos a no perder nunca el sentido de una verdadera amistad. Y si algún día sintiéramos que ese tesoro se debilita, que sepamos venir a tu lado a descubrir qué nos pasa y a volver a encontrar el gozo de la amistad.
Mirémosla con ojos de juventud: Mirada de esperanza y también de incertidumbre, mirada de entusiasmo y también de temor, mirada frente a un mundo conflictivo y a la vez un mundo lleno de posibilidades, mirada frente a un mundo pluriforme que pide mirar la diferencia no como amenaza sino como complementación, mirada al mundo de la técnica, pero también al mundo de la solidaridad y del corazón. Sintamos que nos dice las mismas palabras que Ella escuchó: “No temas, Yo estoy contigo”.
Mirémosla con ojos de mujeres consagradas para que nos dé la capacidad de llegar al dolor ajeno y acercarnos a él con el bálsamo de la ternura, y el compromiso de la acción. Que su mirada baja nos enseñe a situarnos desde lo invisible de la fe y desde la profundidad de lo esencial, desde la esperanza contra toda esperanza y desde la fragilidad de lo humano. Que nuestras actitudes broten de un encuentro personal con Dios, de una contemplación del Jesús del Evangelio y de los pobres y excluidos de hoy, que nos abren a dimensiones diferentes de la vida. Que aprendamos de Ella a vivir en sencillez, serenidad y armonía con nosotras mismas, con los demás y con la creación...
Y celebrémosla con el amor y la acogida que nos brinda su imagen cada vez que nos encontramos frente a su presencia.
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Colegio del Sagrado Corazón