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Alumnas

Araneda Real, Carla Valentina

Barra Fuentes, Camila Viviana

Cáceres Navarro, Natalia Valeska

Cárdenas Cartes, Claudia Andrea

Contreras Rosales, Nadia Victoria

Del Valle Aedo, Karen Francisca

Delgado Neira, Pamela Celeste

Diaz Olate, Nikol Carin

Dosoli Muñoz, Tatiana Valeska

Flores Hermosilla, Vanessa Alejandra

Fonseca Venegas, Natalia Daniela

González Urra, Daniela Alejandra

Henríquez González, Daniela Regina

Herrera Garin, Karina Fernanda

Huerta Aguayo, María Paz

Lastra Araneda, Marjorie Marioli

Martínez Parra, Catalina Isabel

Mella Torres, Fabiola Alejandra

Palma Díaz, Darlyn Andrea

Pérez Baeza, Vanessa Elizabeth

Railen Fernández, Alicia Jeannette

Ríos Hernández, Marcela Olivia

Retamal Cifuentes, Daniela Paz

Romero Caamaño, Allison Eusebia

Salazar Castro, Carla Gabriela

Silva Nova, Nayadeth Jesenia

Toledo Machuca, Gisela Valeria

Ulloa Contreras, Yasna Andrea

4° Medio C

Colmena de baldosas rosadas y madera, bulliciosas están las abejas cuchicheando, las observo, se parecen a mí. Lo único que logro comprender de ese barullo es un zumbido. A pesar de la uniformidad del sonido, desde que se conformó esta colmena, las obreras se han separado en cuadrillas: algunas conversan de sus vuelos nocturnos, otras de unos apuestos tábanos, unas más del polen sabroso y otras, sobre la mecánica del trabajo diurno. ¡Qué distintas son! Sin embargo, no saben, o no desean comprender la vida sin estar amontonadas, la soledad es insana, no soportan el vacío y entienden el exterior como el panal que les sucede, sitio temido o ansiado, paradójicamente cercano, aunque prefieren tomarlo como un lindo paseo de campo, recibiendo por el momento, escritos publicitarios sobre las posibles colmenas, con su oferta profesional, que, contradictoriamente, se resumen en dos: Obrera o Reina. ¡Ay! Jóvenes abejitas, que más les puede comunicar una similar, sólo la humilde vocación de hacer fábula, al fin y al cabo, una historia de animales ¡jajaja!

Aunque suene “trillado”, no puedo dejar a un lado, al menos, una expresión de euforia emotiva que se llega a sentir, en estos momentos: sencillamente, las adoro… adoro tanto la reunión de sus cuerpecitos alados de sueños, riendo, vociferando sus estados de soltería, amoríos con extraños moscardones, en fin, tantos conceptos descabellados que se lanzan como “huevo al sartén” y “háganle empeño” a ser todas reinas. Como se habrán percatado, el literario inicio de estas letras, culminó en la más simple carta íntima, he decidido hacerlo así, para lograr sintonizarme con ustedes, pues, nada recibo o poco mérito tiene escribir algo que nadie entienda o derivar en reiterados “comenzamos un día…”, “algunas se quedaron en el camino”, entre otras recurrencias. Después de tanta formalidad, una alegría casual, no la deseo calificar como soez, sino como un relajo, la inteligencia de gozar lo poco complejo, el fundamento de la real felicidad, en síntesis: humanidad y lo que somos. Todo esto, más que una competencia de cuentos, es una suerte de mini nívola-fábula, pero lejos de esa apreciación, al más fiel estilo “Nadia”, deseo que la sientan como una carta íntima, donde abro una parte de mi corazón, que lo siento grande y el más sincero, con fervor, sentimiento, toda la pasión del ya iniciado “principio del fin”. Cabe mencionar, sin menosprecio, de modo titular, las dos reinas que han administrado este almíbar de miel: la docente inexperta-amorosa y la imponente-sabia… son tantos temas que quisiera abordar, pero el protocolo me lo prohíbe… ¡Uf!, si las paredes “colménicas” de concreto hablaran… Bueno, ustedes ya lo saben. ¿Colegio de señoritas?, con toda dignidad diremos: Sí, señoritas sabias y más completas que muchas otras que conozcas en tu vida.

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Colegio del Sagrado Corazón