Inicio > CEAL 2006
Buenos días directora, Sra. María Cristina Garretón Toro; hermana Queny Gredig, representante legal; religiosas, encargadas de nivel, orientadores, jefes de UTP, personal docente y codocente, compañeras, estimado equipo de trabajo, en fin, buenos días querida familia del Sagrado Corazón.
A estas alturas ya me conocen bien, soy Carla Chovar Ramírez, presidenta del CEAL 2006, pero eso poco importa hoy, pues este día ha sido escogido para poner fin a un período de arduo trabajo, aciertos y desaciertos. Naturalmente tengo muchísimo que decirles y sinceramente no se por dónde empezar: podría comenzar hablándoles de mi experiencia durante este año, lo que más me costó, lo que me fue más sencillo; podría decirles lo que hoy tapiza mi corazón de orgullo y aquello que la desilusión a cubierto con su ingrato manto de mentiras, envidia y desencuentro; podría hablarles de mis amigas y mi familia y lo que significó para ellos esta experiencia: lo que he tenido que dejar, aquello que he perdido y lo que he ganado; podría hablarles del entusiasmo con que desarrollamos nuestras actividades y del brillo que adquirían nuestros ojos cuando algo salía como esperábamos; podría hablarles de la tristeza con la que vimos decaer y fracasar muchos de nuestros intentos por hacer cosas interesantes y significativas; podría hablarles de lo que siento hoy al pararme aquí frente a ustedes, mientras veo pasar a través de mis ojos la secuencia de imágenes más intrigantes que mi mente recuerda, tanto por lo dulce de los momentos vividos como por su amargura.
Pero lo he pensado y en mi condición, con un calendario sin días que contar y sobre mis hombros un gran cúmulo de experiencias, no me queda más que dirigirme a esta gran familia, ofreciéndoles lo mejor que puedo dar, que es aquello que aprendí:
“Cuatro cosas hay que no vuelven: la palabra dicha, la flecha arrojada, la oportunidad desperdiciada y la vida pasada”
Este es un viejo proverbio árabe, que además de muy cierto oculta grandes verdades: nos invita a vivir, a aprovechar la vida y a hacer un buen uso de ella, pues así como la flecha que arrojamos no vuelve, tampoco lo hacen las palabras dichas, sobretodo aquellas que salen de nuestros labios sin hacer una previa revisión de los sentimientos que las motivaron.
En un año pueden pasar muchas cosas, algunas son posibles de controlar y otras no tanto.
Este año fui presidenta y mis compañeras desempeñaron otros cargos, no de menor importancia por cierto, y aunque mi desempeño y el de este equipo de trabajo no haya sido del agrado de todas ustedes, personalmente, siempre tuve plena conciencia de una cosa: la poderosa arma que tenía en mis manos. La representatividad y el liderazgo es, como ya mencioné, un arma de gran poder, y como toda arma puede ser utilizada para hacer el bien y también para el mal; las armas nos traen la guerra y muchas veces, las armas también nos devuelven la paz; las armas tienen el poder de dividir pueblos o de hacerlos luchar por una misma causa. Hay armas nucleares, de fuego y cortantes y hay también las armas del amor, el conocimiento y la verdad. Y sólo quien posee esta arma es capaz de decidir de qué índole será y que bien o mal le causará al mundo entero.
Fue un año complejo que si bien fue largo, de pronto sentimos que apenas ayer estábamos aquí mismo esperando recibir nuestro cargo. El principio y el fin, el inicio y el desenlace, la partida y la meta; todo vuelve a su punto de origen y quizá es tiempo de mirar hacia atrás y descubrir qué cosas realizamos y cuales nos enorgullecen:
Pero luego de haber librado tantas batallas, en el campo del combate quedan héroes, se conocen amigos y también enemigos, gente que aparece en los momentos justos, personas que siempre estuvieron allí. Al finalizar este período creo que es importante dar las gracias y con mucha humildad reconocer cuando recibimos ayuda.
Hoy comienza una nueva etapa en nuestras vidas, pero esta vez no será igual, pues llevamos con nosotras experiencias que difícilmente se repetirán o por lo menos no con la misma intensidad.
Lo que sí es cierto es que jamás olvidaremos nuestro paso por el centro de alumnas. Hoy entregamos nuestro cargo a otra generación esperando que hagan un muy buen trabajo y que Dios guíe su actuar en todo momento.
Mucha suerte y ojalá que puedan vivir esta experiencia más que como un reto personal, como un reto colectivo y que trabajen cada día por ser mejor que el día de ayer, porque allí se encuentra el misterio de la superación.
Por su atención, muchas gracias.
Si deseas realizar comentarios sobre este anuario y su contenido escribe a: ceal@delsagradocorazon.cl
Colegio del Sagrado Corazón